Nota técnica
Ninguna entidad tiene un problema de IA que no sea, primero, un problema de datos
Puntos clave
- Cinco preguntas definen la gobernanza de datos; ninguna es tecnológica.
- Colombia no necesita una gran ley nueva: necesita cumplir las que tiene con instrumentos de gestión.
- El riesgo de terceros dejó de ser hipotético en 2023; continuidad, respaldo y auditoría de proveedores son cláusulas, no cortesías.
- Invertir hoy en datos es comprar barata la opción de la IA mañana: las diez componentes del marco son exactamente lo que cualquier adopción seria exigirá.
Cinco preguntas —qué datos tiene, quién responde, con qué calidad, quién los usa, bajo qué reglas— separan a las entidades que pueden adoptar IA de las que solo pueden comprarla. Un marco de cuatro capas y una ruta de 90 días.
La gobernanza de datos suele presentarse como un asunto técnico de sistemas de información. Es, ante todo, un problema de gestión pública: saber qué datos tiene la entidad, quién responde por ellos, con qué calidad, quién puede usarlos y bajo qué reglas. Una entidad que no puede responder esas cinco preguntas no puede cumplir bien su misión ordinaria — y no debería, con esos cimientos, adoptar inteligencia artificial.
El momento de decirlo no es casual. El Consejo de la Unión Europea acaba de adoptar formalmente el Reglamento de IA, y entre sus requisitos para sistemas de alto riesgo está precisamente la gobernanza de los datos que los alimentan. La banca multilateral condiciona cada vez más su financiamiento digital a capacidades de datos. Y la región acumula recordatorios del costo de no gobernarlos: en 2023, un ataque de ransomware a un solo proveedor tecnológico interrumpió servicios de decenas de entidades públicas colombianas, incluida la rama judicial.
La paradoja colombiana: vitrina brillante, trastienda pendiente
Colombia tiene una posición de partida mejor que casi cualquier vecino. El marco normativo está razonablemente completo — habeas data (2008), protección de datos (2012), transparencia (2014), la primera política de explotación de datos de la región (2018), un plan nacional de infraestructura de datos (2021). Y el país es una potencia reconocida en datos abiertos: tercer lugar mundial en el índice OURdata de la OCDE en 2019, sobre el promedio OCDE en la edición 2023.
La brecha no es de normas ni de vitrinas: es de gestión interna. La mayoría de las entidades no tiene inventario de sus datos, ni responsable identificable, ni reglas de calidad y compartición. Cada evaluación de política paga el costo de reconstruir datos que el Estado ya tiene; cada cruce entre entidades se negocia desde cero.
El marco: cuatro capas, diez componentes
Nuestro marco ordena el trabajo en cuatro capas. Dirección: una política de datos corta aprobada por la cabeza de la entidad, y un responsable de datos del nivel directivo — si la respuesta a “¿quién responde por los datos?” es “sistemas”, la entidad no tiene gobernanza; tiene infraestructura. Activos y calidad: el inventario con dueño por cada base —la pieza fundacional: no se protege lo que no se conoce—, estándares de identificadores y medición de calidad. Flujos: interoperabilidad, acuerdos escritos de intercambio y datos abiertos. Salvaguardas: seguridad —incluido el riesgo de terceros que 2023 dejó tasado—, privacidad y ciclo de vida.
La ruta de 90 días convierte el marco en calendario: responsable y comité en dos semanas; inventario de bases críticas en un mes; contratos de custodia revisados; acuerdos formalizados para cada intercambio activo; política y métricas al día 90. Tres reglas la acompañan: empezar por los dominios que deciden, medir poco y en público, y no comprar plataformas antes del inventario.
Por qué importa
Para la dirección de una entidad, este marco define qué debe existir antes de firmar cualquier proyecto de analítica o IA — y qué exigirle a quien lo proponga. Para los órganos de control, entrega seis preguntas verificables, empezando por la primera: ¿existe un inventario con dueño por cada base? Si la respuesta es no, nada de lo demás es comprobable.
La conclusión admite formularse como predicción: en cinco años, la diferencia entre las entidades que aprovechan la IA y las que la padecen se explicará menos por los modelos que compren y más por el estado de sus datos. La buena noticia es que los datos, a diferencia de los modelos, ya son suyos.
El documento completo —con su metodología, sus fuentes y sus limitaciones— está disponible en el PDF descargable de esta página.